martes, 15 de noviembre de 2011

El desierto de Catorce y su vocación productiva. Por qué digo no a la minería en Wirikuta.


Mauricio Genet Gguzmán Chávez
Profesor Investigador Titular
Programa de Estudios Antropológicos. El Colegio de San Luis, A.C.

Llegué por primera vez en 1991 cuando comenzaba mis estudios de antropología en la Universidad Autónoma Metropolitana. A partir de ese año visité en varias ocasiones la sierra y el bajío hasta el año de 1997 cuando me fui a vivir seis meses al ejido Las Margaritas para realizar mi trabajo de campo como parte de mis estudios de maestría en antropología social en el CIESAS-Occidente. Desde mis primeros acercamientos mi pregunta o gran inquietud consistió en descubrir bajo qué artes e ingenios los pobladores locales podían sobrevivir en un medio que de entrada me parecía tan hostil y tan diferente a las regiones templadas que hasta ese momento yo había conocido. Mis inquietudes culminaron en la tesis, aun no publicada, Procesos de adaptación en el altiplano potosino: un estudio de ecología humana sobre los campesinos rancheros de Las Margaritas. Puedo ufanarme de que este fue el primer estudio serio sobre la región de Catorce. No repetiré las razones por las cuales la antropología con su énfasis mesoamericanista, prestó nula atención a esta área que bien se puede entender como parte de aridoamérica. Con 13 años transcurridos sin duda hemos avanzado en el estudio de esta región, pero definitivamente, en relación a los estudios ambientales y, de igual forma, antropológicos, nuestra información sigue siendo básica.
                  Uno de los planteamientos originales de mi tesis Procesos de adaptación… fue acotada por el contexto político que definió la creación del área protegida de Wiricuta. El primer decreto estatal fue publicado en 1994 en el Diario Oficial del Estado de San Luis Potosí. Ayer como hoy la atención estaba centrada en los wirraritari (huicholes) y de manera un tanto desdeñosa se hacía referencia a los rancheros de los ejidos que formaban parte del área protegida. Recuerdo muy bien, que un personaje del conservacionismo mexicano, defendía la idea de crear una reserva sin gente, es decir, comprar las tierras de los campesinos y ayudarlos para que se establecieran en otra área. Por suerte esta idea nunca alcanzó popularidad ni entre los funcionarios del Instituto Nacional Indigenista, ni entre los huicholeros (simpatizantes de la causa huichola).
                  La creación del área de conservación y patrimonio cultural del pueblo wixaritari fue un hito en la breve historia del conservacionismo potosino. Resulta crucial porque su impulso proviene de actores que viven fuera del estado, de gente con una actuación altruista de varias décadas en la sierra huichola, de funcionarios del INI, de su departamento jurídico y del área de patrimonio cultural -a la postre actores vitales en la propia región- y de la buena voluntad política o sensibilidad que demostraron los diputados locales de aquella legislatura y sobre todo el secretario de la recién creada Secretaría Ecología y Gestión Ambiental (Segam), el mismo que una década después sería nombrado director de la reserva.
                  Como es por mucho sabido, el decreto de 1994 fue afinado en dos ocasiones y la superficie protegida fue ampliada hasta comprender 140 mil hectáreas, el último decreto es del 2001. El área natural protegida de Wiricuta es tan importante como muchas otras regiones del desierto chihuahuense por la riqueza de su flora, pero evidentemente más por el significado que le otorga la peregrinación que los wixaritari realizan de manera ancestral para comunicarse con sus ancestros mediante el consumo de una biznaga llamada peyote (lophophora williamsi).
                  Pues bien creo que hay varias cosas sobre las cuales deberíamos comenzar a reflexionar para comenzar a atisbar algunas posibles salidas a la controversia que generan los nuevos proyectos de minería al interior de esta ANPs.
1.     Los discursos que esgrime el sector minero para proseguir con sus proyectos, me refiero específicamente a la información vertida en los outlets mineros sobre el Proyecto La Luz de First Majestic bajo su subsidiaria Real Bonanza, S.A de C.V. de llevar el desarrollo e inyectar dinamismo a la economía regional deben ser vistos como un cuchillo de doble filo. Es verdad que en el pasado la minería en la región ha sido un importante vector de desarrollo y de articulación entre las comunidades del bajío y la sierra y que la actividad en cuestión goza de la simpatía mayoritariamente entre los pobladores serranos. En este sentido vale afirmar que la minería ha sido históricamente un elemento fundamental en la construcción del territorio y un asunto crucial en los procesos de interacción identitaria. Mis estudios me permiten constatar a través de testimonios la diferencia que ha significado la minería en la propia percepción y valoración de los recursos naturales. En el semiárido todas las actividades deben considerarse como complementarias, aunque ciertas épocas o fases relacionadas con las demandas del mercado, impliquen mayor esfuerzo o dedicación en ciertas áreas, siempre existe un mínimo ligado a la agricultura, la ganadería o la extracción de recursos como la fibra de ixtle lechuguilla, candelilla u otros productos. Cuando la minería ha estado en sus mejores momentos hay dinero circulante y los campesinos no se ven obligados a emigrar, cuando las minas se cierran familias enteras no vacilan en abandonar sus hogares. Así sucedió en el ejido Potrero en 1992 cuando cerró la mina de plata que ahora se pretende reabrir. Lo que se debe considerar son dos cosas: la explotación de los recursos y la explotación de las personas. En este espacio me ocuparé del segundo punto. Las empresas mineras han explotado históricamente al trabajador, a pesar de cambios en las leyes laborales y de que las condiciones de explotación no son las mismas que predominaron en tiempos coloniales e incluso como dice Real Bonanza, se pagará por encima del salario mínimo, la compensación económica que reciben los mineros no es proporcional con el nivel de desgaste, estrés y fatiga que implica el trabajo minero. Los mineros han sido una clase trabajadora que bajo ciertos contextos ha podido organizarse y demandar mejores condiciones laborales –quien no recuerda la novela de H. Balzac, Germinal -, pero que en México ha sido vapuleada y manipulada por líderes sindicales charros. Su calidad de vida y esto se puede constar en los diversos distritos mineros en el país no ha mejorado sustancialmente y desde luego no gozan de las mismas prestaciones que sus similares gozan en países como Chile, Canadá o Australia. Por lo tanto creo que las obras de beneficiencia y desarrollo social que anuncia First Majestic son insuficientes (museo de la minería, talleres de orfebrería, becas para estudiantes y planta tratadora de agua residual). La minería sustentable que alardean debería serlo de acuerdo con un plan integral de desarrollo que proyecte al menos los 100 próximos años. No se trata por supuesto de exigir mayores salarios aislados de un proyecto cultural y educativo bajo un contexto de marginación y enorme disparidad económica, la experiencia ha demostrado que la mayor afluencia de dinero no solo genera corrupción entre las autoridades y los pobladores sino el despilfarro en bienes suntuarios que en poco tiempo se deprecian. Bajo esta base habría que pensar en una posible negociación. Hacer lo que el Estado mexicano insiste en no hacer: recuperar una parte sustancial de las ganancias para beneficio real de la región. El objetivo común de todos los actores involucrados debería buscar hacer brillar la plata en el propio lugar y no en los mercados globales, en China o la India. Romper el sentido colonial de la historia que ha sujetado esta región desde que los españoles comenzaron a trabajar las primeras vetas en el siglo XVI.
2.     Me parece que queda claro que no se trata solamente de negociar con los wixaritari, pero desde luego tampoco se trata de que la empresa se siente a negociar con los pobladores locales, cosa que ya ha estado haciendo desde hace por lo menos tres años. La negociación en realidad involucra a toda la sociedad, al Estado mexicano y a la sociedad civil activa y organizada. Y más que una negociación en referencia a este caso concreto lo que se requiere a esta altura de la historia (o del campeonato como dirían los brasileños) es una discusión amplia sobre el modelo nacional que hoy rige y determina el acceso y la explotación de los recursos minerales de nuestro país. De viaje por Australia encontré un libro de un investigador llamado Paul Cleary, Too much luck. The mining boom and Australia future (Demasiada suerte. El boom minero y el futuro de Australia), publicado apenas este mismo año que ya fenece. Sus reflexiones son atingentes para el caso mexicano. Ese país como el nuestro es líder en la producción de diversos minerales, pero existe una sobreexplotación determinada por los ritmos de la demanda internacional principalmente de hierro, gas y oro de países como China y la India. El autor se pregunta si no es necesario tener prudencia, si las empresas privadas no deberían tener un cierto freno y si el gobierno debiera imponerles otras reglas de juego que redunden en el beneficio de las generaciones futuras. Cleary no cuestiona la actividad minera como tal pero pide que se reflexione sobre el ritmo y velocidad que se le ha imprimido a la explotación minera en Australia. Incluso se llega a cuestionar si los proyectos en reservas aborígenes, en donde se incluyen jugosos pagos por concepto de regalías, no están generando una relación perversa al propiciar transformaciones violentas en la cultura de estos pueblos y efectos negativos como el alto índice de alcoholismo que padecen. En México tenemos que volver a discutir la ley minera que se modificó en 1993. Si los recursos del subsuelo son de la nación, debemos tener como prioridad el respeto de este precepto es su más clara y simple connotación. Si el sector minero se perfila como la principal fuente captadora de divisas (hoy ya es la tercera junto con el turismo), debemos recobrar la minería para los mexicanos. Esto va más allá de un discurso nacionalista, sino de eliminar el colonialismo interno que fundamenta el funcionamiento de los principales oligopolios mineros de capital mexicano, los cuales detentan el 70% de la inversión minera en el país. El otorgamiento de concesiones y la explotación minera en México no sigue un plan estratégico de manejo de recursos, sino un plan de negocios adaptado a las demandas del mercado global. Operar de esta forma limitada impide operar bajo una estrategia de largo plazo que incluya desarrollo social y manejo responsable de los recursos naturales. En la política del sector minero no hay prioridades, todo se vale si hay una oferta atractiva en términos de inversión. Y por lo tanto hay traslapes y contradicciones con otros modelos de desarrollo que podrían resultar más importantes desde el punto de vista cultural, ecológico e incluso en términos económicos. Concretamente ¿para qué crear ANP en áreas donde después vamos a permitir explotaciones mineras? En el caso de Wirikuta los argumentos y connotaciones culturales deben ajustarse a nociones de exclusión o veda para el labradío minero. Puesto que existe un potencial minero muy alto en todo el país deberían excluirse áreas con un significativo valor cultural y simbólico. En este caso la lucha en contra de la minera debe significar una oposición al actual modelo de explotación mineral que por ley supone una prioridad de esta actividad sobre cualquier otro tipo de actividad productiva en el país.
3.     Wixaritari, huicholeros y ejidatarios del altiplano. Si queremos avanzar en nuestro movimiento en contra de la minería en Wirikuta y otras partes del país y del mundo es importante que superemos los estigmas y estereotipos sociales. Nada es tan homogéneo como lo parece, las verdades, promesas y declaraciones son apropiados y usados estratégicamente por los actores de acuerdo con el contexto para defender sus intereses. Esta es la política compleja que determina la controversia en el conflicto minero en Wirikuta. Busquemos las confluencias para lograr alianzas perdurables. La marcha del pasado 27 de octubre demostró algo inédito en México: una alianza pluricultural de la sociedad para defender un territorio cuya mayor importancia radica en su carácter sagrado. No es cualquier área natural protegida. Para los propios huicholes la marcha significó una alianza o pacto entre comunidades que desde hace años caminan distanciadas. La idea de nación wirrárica es una entelequia hasta que no se pruebe lo contrario. Comunidad lingüística, rancherías dispersas, comunidades congregadas por la labor evangélica o por la acción del indigenismo oficial, los caminos y el comercio,  la nación wixaritari se va reconociendo es su avatar como pueblo en condiciones y con disposición para dialogar e interactuar ¿con quién? Pues con todos nosotros. Huicholeros que defendemos desde el eclecticismo e hibridez de nuestros saberes  la raíz planta de un conocimiento que ha sido celosamente cuidado, rezado y mostrado en sus minúsculas reverberaciones. Este conocimiento es el mito y el ritual que se revela en Wirikuta tras largas caminatas y noches alrededor del fuego. Cuando se dice que el sol nació en el Quemado nosotros como los wixaritari interpretamos y entendemos el simbolismo de la conexión que es pura intención en un mundo que debe nacer a cada instante. Cada uno de los huicholeros que lo son a veces sin saberlo han encendido su vela a su forma y de acuerdo con su propio sentido. Músicos, académicos, amas de casa, obreros, vagabundos, hasta aquellos que negativamente se les tacha de peyoteros o hippies, u otras cosas que en su momento fuimos o seremos, al final nos proyectamos como poetas haciéndole muecas al capital trasnacional, buscando una nierika para que el águila de este país continúe su vuelo. Wixaritari y ejidatarios se conocen de tiempos muy antiguos, en algunos casos han establecido alianzas de parentesco político son compadres que se ayudan mutuamente se intercambian alimentos y curaciones. En otros casos la relación ha estado definida por el desconocimiento, la desconfianza y el abuso. No siempre han sido los peyoteros (turistas mestizos) quienes saquean las ofrendas, a veces las cercas para los potreros se han impuesto como señal de exclusión. Pero aún en todos los casos hay posibilidades de comunicación y diálogo. Los ejidatarios son tan diversos como las formas de los mezquites, difícil encasillarlos por su actividad productiva. Los de la sierra son más apegados a la minería y por lo tanto menos a la tierra, fácilmente migran en busca de otros distritos mineros. Los del bajío son más agricultores y su sentido de pertenencia al hábitat es más fuerte. La intensa migración ha debilitado la estrategia productiva, la organización en ambas zonas. Una investigación que realizamos entre febrero y abril de 2011 nos llevó a constar las dificultades de la cooperación y el trabajo colectivo. Un sector de huicholeros conocido localmente como peyoteros está conformado por una gran diversidad de avecindados mexicanos y extranjeros. Son artesanos, terapeutas, restauranteros o ejercen diversos oficios. En algunas comunidades se han integrado plenamente a la dinámica social de la comunidad, pero en otros a pesar de que ya tienen muchos años viviendo ahí, son vistos con recelo y son apartados de los asuntos políticos y sociales en general.
4.     Por lo tanto, como diríamos los antropólogos, aquí en Wirikuta existe más heterogeneidad y complejidad social de la que pueden imaginar los empresarios mineros, sus epígonos y los turistas de un día. En la región se cocina desde hace varias décadas una nueva ruralidad que se pauta en una combinación bastante curiosa de turismo religioso, turismo de pueblo mágico y turismo mochilero. La región es pobre y marginada solo desde un cierto punto de vista. Las actividades productivas tradicionales como la ganadería extensiva no han sido muy benignas con el medio ambiente y la baja densidad poblacional ha permitido en parte la regeneración de ecosistemas degradados. El turismo ha sido pieza clave para mantener un cierto dinamismo económico, incluso después del colapso ferrocarrilero que interrumpió el intercambio de bienes (simbólicos y materiales) entre los poblados. Pero la política oficial del turismo ha sido incapaz de crear un proyecto que articule la región y sirva como motor de otras actividades productivas. Hoy antagonizamos contra los monocultivos de tomate en grandes extensiones dentro del área natural protegida por las afectaciones a la flora y fauna local, pero yo estaría de acuerdo con modelos a baja escala que promuevan un uso moderado del agua y que generen beneficios directos a las familias. Las dinámicas actuales de ocupación del territorio están señalando una nueva concentración de tierras en pocas manos. Como afirmo en mi tesis antes citada, los rancheros ejidatarios del altiplano son los herederos de los antiguos nómadas del desierto chihuahuense, su conocimiento, obviamente no se ha mantenido incólume a lo largo de todos estos años, ha sufrido rupturas, perdidas y en algunos casos solo se conservan fragmentos. Pero es un conocimiento híbrido, que se ha alimentado de los conocimientos y las prácticas de los agricultores del altiplano central los colonos tlaxcaltecas) y de la cultura pastoril original de las mesetas ibéricas. ¿Cómo hacer confluir estos conocimientos y prácticas productivas, incluida la minería, en beneficio del bienestar de la población local, de la espiritualidad wixaritari y de la sociedad mexicana en general? Este es el verdadero desafío. Por lo pronto hay que anular todas las concesiones al interior de Wirikuta. Y esperemos si bajo estas bases First Majestic continua interesada en negociar.
5.     Desarrollo sostenible. En Procesos de adaptación me referí al desarrollo sustentable. En poco más de una década este concepto se agotó. Su excesivo manoseo del que fuimos culpables académicos, funcionarios y sociedad en general le restó validez como apuesta alternativa al desarrollo clásico. Estoy de acuerdo con mi colega Leonardo Tyrtania que insiste en demostrar la falacia del desarrollo sustentable, no hay mucho que hacer con la ley de la entropía. Sin embargo creo que hay diferencias fundamentales que debemos considerar cuando hablamos de las supuestas vocaciones productivas de las regiones o los países, de la tecnología que hoy en día está disponible y de los tiempos de producción y consumo que hoy caracterizan la globalización. Defiendo el desarrollo sostenible mientras sea posible distanciarse de la lógica de explotación de recursos que nos proponen las empresas trasnacionales contemporáneas sean mineras o no. Partamos de la noción de que todos los recursos naturales existentes en este planeta son finitos. Es decir para todos ellos existen umbrales que una vez traspuestos no es posible retornar al punto original. Las formas de explotación, esto se relaciona con la tecnología, determinan la escala y la velocidad de su deterioro o exhaustivivad.  En el semiárido la extracción de lechuguilla, la minería, la ganadería o la producción de tomates en invernaderos son actividades que pueden resultar fatales para el medio ambiente. El agotamiento de los recursos hídricos o su contaminación por el vertido de sustancias tóxicas puede hacer inviable la supervivencia de poblaciones humanas. El uso excesivo de agua subterránea con altos contenidos de sal como la disponible en el altiplano potosino puede salinizar y tornar infértiles las tierras como ya sucedió con enormes extensiones tomateras en el valle de Arista, San Luis Potosí. La ganadería ha empobrecido los pastos y el sobrepastoreo reducido la biodiversidad original de los ecosistemas. El extractivismo de especies vegetales como la lechuguilla para la obtención de ixtle y la fabricación de cordelería y artículos diversos, además de resultar inviable como actividad económica por su dependencia de los mercados internacionales, tampoco resulta ideal para la salud bajo las formas tradicionales de producción. Pero todo ello en su conjunto nos hablan de un perfil productivo diverso y sumamente interesante que ya existe en el semiárido mexicano. Un potencial cuyas prácticas y saberes se están perdiendo. Mi  propuesta que ahora esbozo en términos muy generales apunta hacia la recuperación de estas prácticas y saberes y al necesario impulso que se debe dar a proyectos alternativos que propicien la restauración de los ecosistemas y la obtención de beneficios económicos. Desde mi punto de vista se debe discutir nuevamente la política implícita en el manejo y administración de un área natural protegida y sitio sagrado de Wirikuta. La base de un nuevo plan de manejo y por lo tanto de una distinta estructura administrativa de esta ANP debe ser capaz de articular los diversos saberes y prácticas (tradicionales y nuevos) para acceder a usos menos intensivos sobre los recursos y más redituables en términos económicos. Es posible pensar en ranchos cinegéticos, en invernaderos comunitarios, en modelos de propagación y venta de cactáceas exóticas, en la promoción de un verdadero ecoturismo y en la especialización en la prestación de servicios desde una perspectiva regional. ¿Qué lugar cabe desempeñar a cada uno de los actores sociales? ¿Cuáles son las estrategias para obtener los recursos? ¿Cómo operar una estructura que opere en términos intermunicipales? ¿Qué papel le tocaría jugar a las empresas mineras si es que aún están dispuestas a negociar un plan que nos interesa plantear a largo plazo? Si toda la reserva es sagrada está muy bien que defendamos no solo el Cerro Quemado, si Wirikuta abarca 140 mil hectáreas busquemos impulsar los proyectos de vida para hacer de ella el jardín del desierto que los huicholes cantan, rezan y actualizan en sus mitos.

Wollongong, Australia, 06 de Noviembre, 2011.

1 comentario:

  1. Mauricio: muy interesantes tus comentarios al respecto de Wiricuta y el proyecto minero, ahora entiendo y percibo de una mejor forma aquellas rondas de té en la Sierra de San Miguelito.

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